La reciente condena a cadena perpetua del “Mayo Zambada “, y las declaraciones que hizo de que la guerra no va acabar; mueve a una reflexión, más allá de los costos beneficios y las enormes pérdidas  en vidas humanas, en proporción directa a las enormes cantidades de dinero que obtienen con las ganancias del trasiego y la guerra misma, hasta convertirse en uno de los negocios más redituables de las ultimas décadas.

Los Señores de la guerra, los grandes beneficiarios de la desgracia ajena, siempre han justificado la muerte y las intervenciones  desde diferentes ángulos; nadie dice que es para saquear, para robar, para explotar, pretextan luchar por democracia, bienestar y hasta la religión han inmiscuido; las hay globales -mundiales, regionales y locales , hay guerras civiles, de liberación nacional y contra gobiernos impuestos o impopulares; también existen las que buscan anexarse territorios o un nuevo reparto del mundo y sus riquezas. En las guerras, todos pierden, menos las élites financieras, tecnológicas y los altos mandos militares que las ganan; de ahí, todo es pérdida y deuda, miles, millones de vidas irrecuperables, y la modificación de estilos y formas de vida, afectaciones por décadas, con huellas y secuelas imborrables, migraciones y desplazamientos.

Las guerras contra las drogas son otra cosa, están aparentemente inspiradas en un problema de salud y contra las dependencias. Desde tiempos muy remotos, las drogas y las medicinas se han utilizado para aliviar el dolor y los trastornos físicos y mentales, entonces cabe la pregunta ¿qué fue lo que hizo que el problema de la drogadicción, se volviera un tema de seguridad nacional?, fue el tratamiento que usaron fundamentalmente los ejércitos para embrutecer y mantener en activo a  los soldados, para que rindieran más fisicamente y no cuestionaran las causas de una lucha, que a ellos no beneficiaba en nada, a la par que curaban del dolor físico los trataban psicológicamente hasta volverlos en seres manejables y dirigibles, fue un consumo auspiciado, permitido,  inducido, administrado y mantenido para que no se pensara en las atrocidades de la guerra y quién finalmente obtenía los beneficios; eso la hace diferente a las demás guerras, no por lo inhumano, por el terror que desatan, sino porque son creadas por los mismos que hoy quieren combatirlas.