Cuando azotó la pandemia por COVID-19 el mundo se detuvo; ante el riesgo de contraer el virus, para el cual aún no había alguna vacuna o tratamiento que disminuyera las probabilidades de presentar una complicación, el mundo se vio en la necesidad de parar.

Pronto las empresas comenzaron a perder y perder y perder. Entonces se exhortó a los gobiernos y farmacéuticas a hacer algo. Era urgente y necesario que los miles de trabajadores regresaran a seguir produciendo para evitar mayores pérdidas.

Pasó 2020, después inició 2021 con decenas de farmacéuticas alrededor del mundo ofreciendo sus resultados a los gobiernos poderosos. Llegó 2022 con varios países teniendo un avance importante en el proceso de vacunación, entre ellos México.

Sin embargo, hay otras enfermedades que están ahí, que al parecer para los gobiernos no son tan importantes. «Solamente» dos mil menores mueren cada año en México a causa del cáncer infantil. Y lo más preocupante, el 70 por ciento de los casos son detectados en una etapa avanzada. La falta de especialistas, la falta de recursos en las familias para llevar un chequeo constante que permita una detección oportuna, son sólo algunas de las causas.

Sin falta han estado los miles de padres de familia afuera de Palacio Nacional exigiendo medicamentos, mientras sus hijos siguen muriendo en hospitales por falta de ellos y de atención.

Este país también debió detenerse desde el primer menor que no recibió su tratamiento por falta de medicamentos, de recursos, de hospitales…

El mundo debió parar hasta que los laboratorios de mayor prestigio ofrecieran a manos llenas un tratamiento para quienes ven esfumado el sueño de jugar, correr, crecer y vivir su infancia con salud.

Pero los niños no producen, los niños no votan, los niños no provocan que este país se frene. 

Nos queda claro; no es covid, es sólo cáncer infantil.

EVA CHONG. LA NETA