Fue un año que descobijó las incapacidades de Morena en los gobiernos.

No hubo una semana en la que no salieran a relucir actos de corrupción y de impunidad de gente allegada al expresidente Andrés Manuel López Obrador.

Desde el huachicol fiscal, Alfonso Romo y su lavado de dinero, Adán Augusto y su criminal Barredora, el sindicato extorsionador de la Catem, los juniors nuevos ricos de AMLO, la inseguridad que explotó en Uruapan con el asesinato del alcalde Carlos Manzo y, lo último, el descarrilamiento del Tren Interoceánico con 13 personas muertas.

De plano, Andrés Manuel López Obrador dejó a la presidenta Claudia Sheinbaum una herencia de corrupción y de impunidad.

Y, lo elemental, la incapacidad para gobernar bien, pero la capacidad para saquear las instituciones y dirigir al país a la inseguridad y a la inconformidad social.

Fue un año que aumentó, y muy rápido, el proceso de desmoronamiento de Morena.

En la elección del 2027, en la que se renovará la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y 17 gubernaturas, los ciudadanos habrán de cobrarle las facturas a la 4T.

A pesar de los programas sociales, donde el único justificable es la beca a los adultos mayores, los ciudadanos ya entendieron que el saqueó se blanquea con populismo.

Mientras reciben las pensiones, hay más inseguridad, no hay medicinas y el saqueo de los funcionarios y políticos morenistas sigue su marcha.

Pero ya vienen tiempos de cobrarle a López Obrador los daños provocados por su incapacidad, su corrupción y el clima de inseguridad que nos dejó su desgobierno.