Adaptar a los personajes del escritor Roald Dahl siempre supone un reto para quien lo intente, sobre todo si se busca respetar el sarcasmo, la sátira y la ironía que el escritor británico impregnaba en figuras como Matilda, James Trotter, El Fantástico Señor Zorro o Willy Wonka. Ahora bien, pensar que se puede dimensionar al famoso chocolatero con nuevos matices e historias parece aún más arriesgado, pero este año el director Paul King, cineasta que llevó a la pantalla Paddington, nos presenta Wonka, donde converge una historia previa a la creación de la fábrica de chocolate mezclando todo con un musical clásico que trata de homenajear, de alguna forma este tipo de cintas.

El guion, escrito por el mismo director y en compañía de Simon Farnaby, contempla una trama lineal donde nos presentan a un Wonka recién llegado a la tierra donde colocará su fábrica en un futuro, pero primero deberá huir de las garras de un par de hoteleros usureros que lo mantienen secuestrado, además de tratar de vender sus creaciones por las calles mientras huye de la policía y desenmascara una red de tráfico de chocolate.

Quitemos al elefante blanco de la habitación, la trama es lo suficientemente ridícula e infantil, en el buen sentido de la palabra, para ser considerada como un musical ligero que no se toma demasiado en serio a sí  mismo, pero edifica de manera correcta los arcos necesarios para generar un empate necesario entre el espectador y la cinta, ya que los absurdos son llevados a de lado a lado con un hilo coherente que, lejos de ridiculizar la trama, sabe perfectamente como satirizar dar un toque de comedia negra bien ejecutada que da oportunidad a desconectarse de la realidad.

El punto más fuerte de la producción se edifica en su simpleza, misma que se empata de manera exquisita con números musicales que no parecen estar sin motivo, al contrario, generan un avance a la trama de forma narrativa para concretar de manera correcta los actos de la película, que si bien los primeros dos cuentan con un desarrollo paulatino y agradable, las conclusiones parece que se precipitan a cerrar una historia que no deja cabos sueltos, pero sí ganas de ver, por lo menos, 30 minutos más de metraje. 

Las partes técnicas de la cinta saben empatar de manera correcta los escenarios reales con los efectos especiales que, aunque en ocasiones no brillan por su realidad, sí consiguen generar un universo en el cual el espectador se puede sentir incluido de forma inmediata y, aunque sabemos perfectamente la fantasía que se ofrece en toda la historia, parece plausible y realizable que suceda en algún lugar recóndito del mundo al que quisiéramos ser invitados.

Hasta este punto, parece que todo versa en elogios a la cinta, y no hay manera de negarlo, claro que existen algunos fallos, como los saltos argumentales que ni siquiera buscan ser tapados y se muestran casi con bombo y platillo, pero los aciertos son bastos para dar ciertos permisos que nos hacen entender que el cine también es un vehículo mágico que nos puede transportar a las historias más increíbles que existen con personajes entrañables. 

Tanto las coreografías como la música y el score demuestran la manera más clásica de hacer un musical al estilo de Bailando Bajo la Lluvia, con toda la distancia de por medio que puede existir entre ambas obras, situación que los amantes del séptimo arte pueden sentir como una pequeña carta de amor a un tipo de películas que cada vez se hacen menos, o, si se llegan a realizar, no tienen el elemento que a Wonka le sobra: corazón.

Claro que estamos frente a una gran parafernalia y despilfarre de millones de dólares para la producción. Aquí no hay protesta, lucha o confrontación, aunque sí desliza un pequeño mensaje que pude ser entendido desde diversas perspectivas, donde el mundo de los millonarios y dueños del mundo manejan los hilos de la iglesia, la política y la seguridad, pero seamos completamente sinceros, lo anterior queda de lado y no pasa a ser la piedra angular de la cinta, pero al estar presente en pantalla se concreta un background que muy seguramente será captado por más de una persona en la audiencia.

Las actuaciones de todo el elenco son esa cereza en el pastel que demuestra que un director capaz y un grupo de actores con peso pueden hacer brillar cualquier idea, por más absurda que esta sea. Timothée Chalamet ofrece una de sus actuaciones más icónicas hasta el momento, donde, además de saltar de ser un caníbal enamorado en Bones and All, demuestra los rasgos y matices que puede generar en pantalla, por más que sea tachado de tener un rostro un tanto inexpresivo, aquí nos enseña que sabe generar empatía y amor en la audiencia. 

Si a lo anterior le sumamos la presencia de Hugh Grant, Rowan Atkinson, Sally Hawkins, Olivia Colman, Keegan-Michael Key y Peterson Joseph, no podemos más que deleitarnos con actuaciones que, si bien un tanto caricaturizadas, conocen y entienden el tipo de cinta que edifican en conjunto, con un mismo tono, donde los tiempos en pantalla se sienten bien nivelados y el peso no recae en un solo personaje.

No es una advertencia, pero si de plano no te gustan los musicales, tal vez lo mejor sea que pases de largo, ya que la convención que crea la cinta centra una gran parte de su atención en los temas que hacen avanzar la cinta y, aunque no se siente solo como una canción por ser una canción, tiene todos los arquetipos de los musicales que algunos amamos y otros odian.

Al final Wonka edifica una parte del cine que deja de lado las pretensiones y, con reglas establecidas, promueve una producción familiar y digna de esta temporada del año, donde los valores de producción van acorde a una cinta de gran presupuesto y la historia avanza en arcos argumentales entendibles y sólidos, que, si bien son un tanto efímeros, funcionan durante las más de dos horas de cinta y dejan un sabor de boca agradable. 

Si bien no entrará entre las mejores películas del 2023, lo que sí es una realidad es que, por lo menos, Timothée merece ser considerado como uno de los mejores actores del año, y a nivel técnico tal vez haya algo que pueda llevarse la cinta, pero muchos entramos a la sala queriendo odiar la película y, para sorpresa de muchos, salimos con una sonrisa en la cara que muy pocas películas nos dejaron este año.

Calificación: 8.3