Yucatán.- El día de ayer, se reportó el descarrilamiento de un convoy del Tren Maya a la altura del municipio de Izamal, en Yucatán, un hecho que no solo encendió las alarmas de seguridad, sino que reabrió la discusión sobre los costos millonarios de esta obra emblemática de la 4T.
De acuerdo con distintas versiones, el incidente ocurrió cuando uno de los vagones se salió de la vía, lo que obligó a detener la marcha del tren y a realizar maniobras de emergencia. Aunque no se han confirmado víctimas de gravedad, la situación generó molestia y preocupación entre los pasajeros, quienes cuestionaron las condiciones de operación.
El suceso pone en entredicho la narrativa oficial de que el Tren Maya sería un proyecto de “primer mundo”, ya que, pese a la inversión de más de 500 mil millones de pesos, la realidad muestra fallas técnicas, retrasos en la construcción y ahora un descarrilamiento que exhibe la fragilidad de la obra.
En los hechos, este accidente es un recordatorio de que ni con todo lo que se gastó se pudo garantizar la seguridad mínima. Y mientras en Palacio Nacional se insiste en presumir al Tren Maya como símbolo del sexenio, en tierra los usuarios enfrentan la otra cara: un transporte inseguro, caro y todavía lleno de incertidumbre.







