Ciudad de México.- Cuatro guacamayas surcan el cielo sobre la exuberante vegetación de la quinta “La Chingada”, donde se alzan ceibas, flamboyanes y guayacanes, mientras a lo lejos se escuchan las cigarras y los monos saraguato que comienzan su sinfonía matutina. En este entorno natural, el Presidente Andrés Manuel López Obrador se prepara para la última conferencia mañanera de su administración, marcando el fin de su mandato y su mudanza de Palacio Nacional. Este lugar, que ha sido su sueño desde el año 2000, abarca 133 mil 410 metros cuadrados y se presenta como un oasis en medio del caos urbano.

A menos de cinco kilómetros de la finca se encuentra una estación del Tren Maya, aún en construcción, y una del Tren Interoceánico. Además, la zona alberga un nuevo campus del IPN, una sucursal del Banco del Bienestar para el cobro de pensiones y un hospital de ISSSTE inaugurado recientemente que, sin embargo, aún no está en funcionamiento. La infraestructura en desarrollo también incluye un cuartel de la Guardia Nacional y un parque renovado, junto con la primera plaza comercial de Palenque, “Plaza las Flores”, que promete revitalizar la región.

La seguridad en la finca ha aumentado con la instalación de cámaras de vigilancia y concertinas de cuchillas, reflejando la nueva realidad del ex Presidente. Al acercarse a la casa, dos jóvenes vigilan la entrada, prohibiendo las fotografías mientras que otros trabajadores realizan tareas de mantenimiento en un ambiente de tranquilidad. Sin embargo, el silencio de este refugio verde contrasta con el vacío de poder que López Obrador enfrenta tras su salida del cargo, en un sendero de 6 kilómetros que se extiende hacia la zona arqueológica de Palenque, un lugar que podría convertirse en su nuevo espacio de reflexión.