Estados Unidos.- El gobierno de Donald Trump intensificó este lunes su ofensiva contra el gobierno de Cuba al imponer una nueva batería de sanciones dirigidas al corazón del aparato de seguridad y la estructura política de la isla. Las medidas afectan a 11 altos cargos, incluyendo a tres generales y ministros clave, así como a tres organismos gubernamentales, en un intento por forzar un cambio en el sistema político y económico cubano.

Las sanciones, que congelan bienes y cuentas bancarias en Estados Unidos, alcanzan al Ministerio del Interior, la Policía Nacional Revolucionaria y la Dirección de Inteligencia, así como a figuras de la élite como el presidente de la Asamblea Nacional y los ministros de Justicia, Comunicaciones y Energía.

Aunque los funcionarios sancionados difícilmente poseen activos en territorio estadounidense, el efecto secundario de la orden ejecutiva ha sido inmediato y devastador para la logística de la isla:

  • Retirada de navieras: Gigantes del transporte marítimo como la alemana Hapag-Lloyd y la francesa CMA CGM han suspendido sus operaciones hacia y desde Cuba. Esta medida es considerada «especialmente perjudicial» por analistas, ya que corta el suministro de productos básicos.
  • Abandono minero: La empresa canadiense Sherritt International Corporation anunció el cese de sus empresas conjuntas en la isla.
  • Apagones extremos: Debido al bloqueo de envíos de petróleo (principalmente desde Venezuela), Cuba enfrenta una escasez de combustible que mantiene a La Habana sin electricidad hasta 22 horas al día.

El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que estas designaciones restringen la capacidad del régimen para «suprimir la voluntad del pueblo». Por su parte, el presidente Miguel Díaz-Canel calificó las acciones de «crimen internacional» y defendió el derecho legítimo de Cuba a protegerse de lo que denominó una «arremetida bélica».

La tensión ha escalado también en el ámbito de la inteligencia. Recientemente, el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó la isla para exigir el cierre de puestos de escucha operados por China y Rusia, mientras que vuelos de vigilancia estadounidenses se mantienen activos alrededor del territorio cubano.