Las maneras de ejercer la política denotan fortalezas y debilidades, y son justificadas las comparaciones.
Fíjese cómo a los morenos de Coahuila los caracteriza el pleito, la rivalidad y la descalificación.
Todos contra todos, con el afán de sobrevivir y colgarse en la figura de la presidenta Claudia Sheinbaum, ya no tanto en la marca de Morena que va en picada, afectada por las herencias de corrupción, impunidad y la inseguridad que hoy son sinónimo del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Los grupos antagónicos de Morena son ambiciosos, buscan los temas mediáticos, pero le dan la vuelta a los graves pasivos que les dejó AMLO y que hoy son el dolor de cabeza de la presidenta Sheinbaum, como el huachicol y la progresiva inseguridad en los estados gobernados por los morenistas que dejó López Obrador.
Fíjese cómo los morenistas locales se descalifican todo el tiempo.
Sobre todo, los bandos que lideran los senadores Luis Fernando Salazar y Cecilia Guadiana.
El ambiente al interior es de agresiones y dista mucho de la unidad y del trabajo en equipo que pregonan en redes sociales.
Al mismo tiempo, no tienen dirigente estatal y quien aparece en ese cargo, Diego del Bosque, no tiene liderazgo y está entregado al grupo de Cecy Guadiana y abona más a la fractura irreparable.
¿Y a nivel nacional?
Están descabezados luego de que el dirigente real, Andy López Beltrán, está desaparecido después de las derrotas en Durango y en Veracruz y sus implicaciones con el progresivo problema llamado huachicol.
Pasa el tiempo y los morenos de Coahuila se ven más divididos, sin trabajo real de territorio y con miras a la elección del próximo año para elegir diputados locales, en la que se les pronostica la derrota que les caracteriza cuando son procesos electorales locales.






