En estricto significado, la función del moderador es como un árbitro que facilita la participación de los contendientes y armoniza hasta donde es posible.

Nunca un moderador se vuelve protagonista y menos ataca a uno de los contendientes.

Hacerlo provoca caldear los ánimos y llevar el contenido de un debate a una zona de golpeteo que en nada cumple con el objetivo de generar la atención de los electores y su opinión sobre quién es quién de los participantes.

El Mirón se quedó asombrado al ver cómo la moderadora Sandra Romandia no preguntó, sino que atacó a Manolo Jiménez con preguntas ya enjuiciadas por su criterio periodístico, legítimo, pero fuera de contexto en un debate.

Los participantes esperan todo tipo de cuestionamientos y ataques de sus adversarios, pero no del moderador.

¿Será que ya se nota la presencia y la línea de Guadalupe Taddei Zavala, nueva presidenta del INE y proclive al partido político Morena?

Habrá que estar muy atentos en el siguiente debate del primero de mayo en el Museo del Desierto de Saltillo.

Veremos si los moderadores vienen como árbitros o como protagonistas y su objetivo es cuestionar en lugar de facilitar el diálogo y la participación de los cuatro aspirantes a gobernar nuestro estado.

El Instituto Electoral de Coahuila debe estar muy atento a establecer con claridad las reglas del debate, para evitar lo que ya se vio en Torreón. 

Y lo más importante, evitar que, por intereses políticos ahora en el INE, se vuelva tendencioso el debate.

El Mirón se refiere a esa que no fue pregunta, sino ataque de la periodista Sandra Romandia, que sorprendió aparentemente hasta a los adversarios de Manolo Jiménez: Guadiana, Mejía y Lenin.