Pocas veces en la vida tenemos oportunidad de ver un evento cinematográfico de magnitudes épicas que muestran que el cine también es la conjunción del arte y el entretenimiento. Desde Ciudadano Kane, pasando por 2001: Odisea en el Espacio y llegando a Blade Runner o Gladiador, el séptimo arte ha demostrado que puede llevar las historias que presenta a límites que los espectadores ni siquiera pueden imaginar, donde la ejecución de las escenas, la puesta en cámara, la edición, la música y el guion logran una obra digna de ser admirada por su forma, fondo y maestría.
Este año, Denis Villeneuve, afamado director de Sicario y La Llegada, nos presenta el resultado de su adaptación de Dune, una obra que ha sido calificada como “inadaptable” por la complejidad y extensión de la novela que conforma la historia. En 1975 Alejandro Jodorowsky trató de adaptar la historia en una cinta ambiciosa, futurista y psicodélica. Al ser un proyecto tan grande, las distribuidoras y productoras decidieron poner en pausa la producción, cancelando posteriormente los planes de rodaje y el trabajo de Alejandro. Un par de años más tarde David Lynch trataría de hacer su versión de la historia, logrando una película que casi le cuesta su estatus de director de culto, ya que la cinta presentaba una historia un tanto desdibujada del relato base del argumento.
Años pasaron, ideas de adaptar la novela surcaron por todo Hollywood. En el 2018, el galardonado director de Allien, Ridley Scott trataría de adentrarse al proyecto; al notar la complejidad y trabajo que el proyecto requería necesario, Scott decidió hacerse a un lado y comenzar la producción de la secuela de Blade Runner con Denis Villeneuve en la silla del director. A las manos de Denis llegó el guion de Dune, un año después aceptaría el magnánimo reto de adaptar la cinta a la pantalla grande.
Hablar de Dune no es sencillo. Las novelas escritas por Frank Herbert en 1965 comprenden la historia futurista de ciencia ficción que cimentó un pilar en el género. De ahí directores como George Lucas tomaron inspiración para hacer cintas como Star Wars, o le mismo Ridley Scot sentó las bases de la épica cinta Blade Runer. La novela es extensa, compleja, llena de personajes y una similitud a las epopeyas antiguas que encantan a una legión acérrima de fanáticos.
Adaptar tanto material a una película de dos horas y media parece una labor imposible. La versión de Dune que Villeneuve nos comparte es apenas un primer esbozo de la extensa historia que tiene por contar. El viaje del héroe de Paul Atreides, protagonizado magistralmente por Timothée Chalamet, es claro y paulatino. Denis se toma todo el tiempo que quiere para poner las raíces de lo que promete ser una de las trilogías más grandes de todos los tiempos.
¿Dónde comienzan los problemas de Dune? Para empezar, estoy seguro que no es una cinta complaciente que quiera tener al espectador mirando y consumiendo velozmente. Dune es pausada, contemplativa, avanza con lentitud y las imágenes están fríamente pensadas para complementar un todo. Desde la narración del inicio nos damos cuenta que la historia no tendrá sobresaltos de explosiones, pero si una maestría visual que combinará el CGI con elementos reales, presentando imágenes hipnóticas, vestuarios majestuosos y sonidos hipnotizantes. Ahí radica la primera barrera de Dune, la cinta exige atención y dejar de lado el celular por dos horas y media.
La historia apenas acaricia la superficie del universo de Dune. Se toma todo el tiempo necesario para plantear absolutamente cada detalle, algo que las cintas típicas hollywodenses repelan. Afortunadamente Denis toma las riendas y extiende lo necesario el argumento sin deberle explicaciones a los espectadores.
La historia no es sencilla, pero tampoco resulta sumamente compleja. El duque Leto Atreides acepta la encomienda de El Emperador de la galaxia para tomar control del planeta Arraskis. Las antiguas profecías decían que algún día un elegido podría traer paz al universo, liberándolo de la tiranía. En esta parte de la historia conocemos al hijo del duque, quien comenzará una travesía para conocer su destino, mismo que ya ha visto en sus sueños y visiones.
El guion, escrito por el mismo director junto con Eric Roth, es lento a propósito, no se apresura a llegar a los puntos de inflexión de los personajes, al contrario, alarga las escenas para poder dimensionar a los personajes en una totalidad. Toma al desierto como un personaje principal y atrapa toda forma que recae en él. La fotografía a cargo Greig Fraser, director de fotografía de Rouge One, es sorprendente, el logro técnico para asemejar luz natural en cada toma da como resultado una estética relista e íntima, a pesar de la gran parte de tomas en el exterior.
Cada imagen es alucinante, a momentos recuerda escenas bíblicas, adaptadas de una manera única mezclando escenarios sacados de la mente del director combinados con la psicodelia característica de Jodrodowsky. Si con La Llegada y Sicario Villeneuve había mostrado que era uno de los directores más prometedores al mostrar escenarios humanos fantásticos, con Dune logra graduarse.
Denis logra sacar lo mejor de cada uno de los actores, Javier Bardem, Oscar Isaac, Zendaya, Timothée Chalamet, Stellan Skarsgård y hasta Dave Batista dan una interpretación nítida y clara. La interacción y el avance mientras la historia es contada resulta natural con una gran química.
La música de Hans Zimmer envuelve todo de una atmósfera única. La tensión se siente en cada escena y no deja espacio para pensar que los silencios deberían ser ocupados por algún sonido.
Con todo esto parece que estamos frente a una obra maestra del sétimo arte, y así es. La crítica ha calificado a Dune como un evento cinematográfico que pocas veces tiene lugar. Por otro lado, una parte del publico ha salido de las salas de cine decepcionados, ya que esperaban ver una cinta de acción y recibieron una película contemplativa que no tiene demasiada prisa.
Entiendo parte del descontento, pero el público debería tener la apertura para ver otro tipo de cine; uno menos explosivo y que exige más al espectador. Más atención, menos distracciones y ganas de ver el séptimo arte desde una perspectiva distinta, donde no dan todo masticado ni existe una moraleja sosa al finalizar.
Dune y su director tienen un panorama complicado. La cinta no es un blockbuster de verano, tampoco es una película de superhéroes o una comedia romántica. Dune converge más de cien años de la historia del cine, de avances tecnológicos, de viajes del héroe, de maneras y formas de hacer, producir, y consumir cine y, lamentablemente, la época de consumo rápido e inmediatez pueden llegar a jugarle en contra y no entrar en el gusto entero del público.
Llegados a este punto mi único reclamo sería que la continuación de la historia no está aun completamente confirmada y dependerá de la recuperación económica para su realización. Tal vez como una serie al estilo de Game Of Thrones esta película hubiera funcionado más para las masas, pero tomando en cuenta el presupuesto de 160 millones de dólares que costó la producción resulta, complicado pensar en cómo se hubiera llevado a cabo. Queda esperar a que la taquilla favorezca a la película para que Denis pueda continuar esta magnífica epopeya.
Como crítico de cine me gusta recomendar hitos que marcan un antes y un después del cine. Estamos frente a una obra que es necesario ver, sobre todo si eres amante del cine. En caso de que no sea así, tal vez deberías darle una oportunidad a Dune. Ve al cine, apaga tu celular dos horas y media y déjate llevar por una cinta que será parte de la historia del séptimo arte.
Calificación: 9.0






