La región sureste de Coahuila, particularmente la Sierra de Arteaga y la zona montañosa cercana a Saltillo, constituye uno de los ecosistemas forestales más importantes del norte de México. Sin embargo, en los últimos años esta área ha enfrentado una creciente presión por incendios forestales asociados a sequias, aumento de temperaturas y actividades humanas. La prevención y mitigación de estos siniestros debe convertirse en una prioridad estratégica del gobierno estatal, no solamente por el impacto ambiental, sino también por sus consecuencias económicas y sociales.
De acuerdo con el reporte de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) y autoridades estatales, en Coahuila se registraron 46 incendios forestales en 2023, mientras que en 2024 más de 60 eventos y en 2025 se contabilizaron al menos 42 incendios, con una superficie afectada superior a 5,500 hectáreas en ese año. En 2024 se reportaron 3, 532 hectáreas siniestradas, lo que confirma una tendencia persistente de riesgo en la entidad.
Si se amplía la perspectiva histórica, el panorama resulta aún más preocupante. Entre 2018 y 2023 se registraron 434 incendios forestales en Coahuila, los cuales afectaron aproximadamente 5,500 hectáreas con una movilización de apenas 756 horas- hombre, lo que dejó de manifiesto la falta de estado de fuerza, en labores de combate a los incendios forestales.
La Sierra de Arteaga destaca por su cobertura forestal dominada por bosques de pino y pino- encino de alta montaña, ecosistema particularmente vulnerable al fuego. Se estima que Coahuila cuenta con más de 700 mil hectáreas de superficie forestal, de las cuales una proporción relevante corresponde a bosques de coníferas en las zonas serranas del sureste del estado. Estos ecosistemas cumplen funciones críticas: captación de agua, regulación climática regional, conservación de biodiversidad y protección del suelo, además del habitad de fauna.
El problema central es que 9 de cada 10 incendios forestales en México tienen origen humano, ya sea por fogatas, quemas agropecuarias o descuidos de visitantes lo que implica que la política pública no puede limitarse a reaccionar cuando el incendio ya está activo, sino que debe centrarse en la prevención estructural.
Actualmente, el estado de Coahuila cuenta con brigadistas forestales que suman alrededor de 113 combatientes especializados, reforzados en temporada crítica con brigadistas temporales y apoyo de protección Civil, bomberos municipales y voluntarios comunitarios. Sin embargo, para una entidad con millones de hectáreas forestales, esta capacidad resulta limitada.
Por ello, la política pública estala debería fortalecer tres líneas estratégicas; Primero, implementar programas permanentes de manejo forestal preventivo, incluyendo brechas cortafuego, limpieza de material combustible y monitoreo satelital. Segundo, aumentar el estado de fuerza operativo, con brigadas permanentes en la región sureste que permitan tiempos de respuesta menores de 30 minutos en zonas críticas, (convenios con asociaciones, universidades y organizaciones sociales que puedan agregar fuerza humana). Tercero, fortalecer la coordinación institucional entre Secretaria del Medio Ambiente de Coahuila, CONAFOR, Protección Civil, estatal, municipal y federal, ejidos forestales, pues el combate eficaz de incendios requiere una estructura interinstitucional robusta.
Si el estado no fortalece su estrategia de prevención. El costo ambiental y económico continuara incrementándose. La recuperación de un bosque de pino de alta montaña puede tardar más de un siglo, lo que significa que cada incendio no solo destruye árboles, sino también décadas de equilibrio ecológico.
La Sierra de Arteaga, es uno de los principales pulmones forestales del noreste de México. protegerla no es únicamente una responsabilidad ambiental; es una inversión estratégica en seguridad hídrica, desarrollo regional y resiliencia climática para Coahuila.






